Esta otra va de algo a alguien siempre en la tendencia forzada de aspirar al otro. Uno, se ve, reniega, elude, anda en su prisa y asunto de sí. El otro, enfrascado en una inclinación, cede. El camino rojo es lo de siempre: la misma podrida de lo amoroso que finje, engaña, impide y apropia. La entraña lo es todo como una enorme verija que acabará por tragarlo todo y llenar el jardín de escenas terribles por lo cotidiano y meloso.