Este rasgado me gusta porque la persona continuamente titubea en sus límites, se desborra, se constituye, se cree más allá o más acá; es cuestión de la fórmula: cabeza, inconsciente cuya residencia es el todo orgánicó: un conflicto estupéndo y estúpido y estulto pero en fin. Cuando uno cree que ya concluyó el cicllo de uno pues está la falta, el pliegue, la pasita que es la persona y se ve en uno de los espejos y en realidad se queda grande en sí mismo, no se sobra, nada ni nadoe se sobra: viva la configuración , el formato y ahí está pues este individuo que es un yo y no, no es un tu, no hay pedo. .